fondo

El proceso de trabajo de todo escritor suele ser su mayor secreto, aunque éste no suele diferir en absoluto del de la mayoría de sus colegas de profesión. Y es que casi todos los escritores seguimos una serie de pasos esenciales en la creación de nuestras historias, desde que surge como idea en la mente hasta que el libro se envía a las editoriales o imprentas.

Todo comienza con una idea, puede que provocada por una experiencia personal, soñada alguna noche, una mezcla de conceptos que contemplamos en el día a día o viendo cine, leyendo a nuestros referentes... sería difícil precisar su origen concreto.

El siguiente paso es el de apuntar el boceto o argumento resumido de aquello sobre lo que queremos escribir, para desarrollarlo brevemente en lo que sería una sinopsis, como cuando cuentas a un amigo el argumento de una película que acabas de ver o de un libro que acabar de leer.

Suelo dejar reposar esa idea y ese argumento durante un mes. Durante ese tiempo me dedico a otras cosas, como escribir otro libro o relato, o a corregir o maquetar alguno ya terminado. Durante ese mes también aprovecho para incorporar ideas que me surgen de forma espontánea para esa historia que está reposando en un archivo word de mi ordenador. Elijo personajes y les pongo nombres provisionales, añado subtramas, escenarios y ciudades. Incorporo ideas de todo tipo, pero solo como apuntes para cuando llegue la fase tres.

Y por fin llega esa tercera fase, la más importante, la que creará el esqueleto o cimientos de mi nueva novela. Comienzo a redactarla con todos los apuntes que he añadido para perfeccionarla, pero voy desarrollando solo la acción, intentando que mis dedos tecleen al ritmo que la historia va desarrollándose en mi mente. Todo surge deprisa y de forma continua, así que trato de eliminar los frenos que la puedan interrumpir. No me paro a describir a los personajes (les conozco, les tengo en mente porque les he creado yo), ni los lugares y situaciones. Me limito a la acción pura y dura y olvido faltas de ortografía, fallos y errores gramaticales o redundancias, solo escribo rápido lo que llevo dentro de mí, "vomitando" la historia en unas seis semanas, a ocho horas diarias de trabajo de lunes a domingo.

Llega otro mes de reposo, necesito olvidarme de la acción para luego poder verla desde fuera, como un espectador y no como un creador. Durante ese tiempo me dedico a otras historias o me distraigo con algún hobby. Aunque no olvido la importante tarea de acoplar nuevas ideas para la acción o para los personajes y escenarios, incluso cambios de última hora que afecten a la novela: como el nombre de algún protagonista, incorporar una subtrama, añadir escenarios, elegir el clima o época del año en el que sucede la historia. La creatividad es infinita y no pongo límites.

La quinta fase es de pulido: voy repasado y escribiendo la historia, añadiendo las definiciones de los personajes, descripciones de lugares, sensaciones y momentos que se viven, corrigiendo fallos, añadiendo las nuevas ideas y subtramas que hayan surgido en la fase anterior, etcétera.

La sexta fase aparece sin necesidad de más reposo, y la uso para leer deprisa la novela en busca de cambios bruscos en el ritmo o de fallos en las descripciones. Observo el ritmo de lectura y suavizo la trama o las descripciones para que no haya frenazos o acelerones en la narración, que todo vaya bien fluído. Leo detenidamente cada descripción para asegurarme de que al lector le quedará claro lo que le quiero mostrar y que tendrá que adivinar aquello que quiero que imagine. Elimino faltas de ortografía, gramaticales, redundancias y fallos de cualquier tipo. No maqueto la novela porque siempre parto de una plantilla con todos los valores de fuente, márgenes, párrafos, sangrías, etc... que uso para mis novelas.

La séptima y última etapa es una lectura a modo de lector convencional, que no solo hago yo, también seis amigos de confianza que me dan su opinión en cuanto a la originalidad de la historia, su ritmo de narración, el léxico usado, la credibilidad y empatía de los protagonistas, etc... Una vez meditadas las consecuencias y opiniones, se corrigen y el libro está listo para mostrarse a sus clientes y lectores.

Este es mi sistema, que comparto con casi todos los escritores profesionales que conozco, con muy pocas diferencias en el proceso. Si eres escritor novel, espero que te haya ayudado.